Nico viajó a Cuba en un viaje organizado por su colegio, Montcalm, y ARO International, un organismo que se ocupa de armar viajes de cooperación para grupos de bienintencionados primermundistas.
En estos viajes se combina el turismo con la ayuda, y así los chicos trabajan media jornada, ya sea cosechando verduras o reparando escuelas, y disfrutan sus vacaciones la otra media jornada. Los otros 12 canadienses del grupo de Nico aprenden español como ventaja adicional, mientras él perfecciona el cubano.
El viaje dura 2 semanas y durante la primera semana recibimos 2 mails con noticias de los chicos pero no hablamos con Nicolás (parece que hay escasez de tarjetas telefónicas en Cuba); todos llegaron bien, valijas incluidas y disfrutan del calor, la lluvia y estuvieron cosechando remolachas y nabos (no comments).
Durante la segunda semana recibimos otro mail y hasta hoy no hablamos con Nico. Sabemos que están todos bien y que ayer iban a visitar un Centro de defensa de la revolución. La verdad es que me alegra que mi hijo se haya decidido a hacer este viaje, que se haga amigos, que se divierta; también me alegra saber que a sus 17 años es idealista y quiere ayudar al prójimo.
Por otro lado me pregunto cómo es posible que yo tenga que pagar tanta plata para apoyar un régimen que detesto. ¿Por qué cuando los tiranos son de izquierda son aceptados sin mayores cuestionamientos y son legitimados tácitamente por este tipo de organizaciones?
Preguntas al margen, extraño un montón a mi hijito, que nunca está en casa cuando está en casa, pero saber que está tan lejos me da un poco de tristeza. Lo único que puedo hacer es ocuparme de su arbolito bonsai.
Igualmente falta poco para verlo de nuevo, el lunes vuelve, seguramente negro caribe y contento, tal vez convertido en comunista, para desgracia de su madre gorila.
¿Falta mucho para el lunes?
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