martes, 23 de marzo de 2010

Lo que me define



Se supone que para conocerme, para separar forma de fondo, para distinguirme de lo otro debo tener una cualidad intrínseca, un rasgo distintivo, algún aspecto que no le copié a nadie y que da origen a mi ser, lo más parecido a mí que poseo, mi yo, mi esencia ontológica, mi verbo. Algo que llamaría griseldidad si no sonara a chiste.
Busco mi marca, mi ser, mi areté griega, somos todos griegos, no?
Qué me distingue? Quien soy?
Acaso hay algo que permanezca en mí más de 5 minutos?
Heráclito se ríe. Mis proyectos caducan, mis gustos cambian, mis opiniones cruzan la vereda, mis sentimientos arman un piquete a cada rato.
El fuego, en cambio, el hálito ígneo que me abrasa, el cambio permanente, el conflicto anclado en el alma. La guerra, el blanco en busca de la flecha, la espada que se corta a sí misma. Ésa soy yo, eso soy yo. Entiendo ahora mi sed por penetrar el tiempo sin nada más que el ahora en mis manos. Entiendo mi fuego, mi imperturbable fe en el después y mi desdén por el antes. Entiendo de pronto que no supero el abismo, que el abismo me acompaña. Y que el ahora se eterniza un instante mientras dura mi vida.
Y mi logos entonces deviene ese instante de salto por encima del abismo. La muerte? Ella también sabe de eternidades.

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