No contaba con el hecho de cuánto me cambiaron los últimos cuatro años.
La locura empezó en el viaje desde el aeropuerto. El remise, un VW viejo, traqueteado, feo! iba a mil por la autopista, cambiando de carril intempestivamente, sin poner la luz de giro, frenaba a una distancia del auto de adelante que se media en números imaginarios. Empecé mal, la verdad. Y no siguió mejor la semana, para nada. Fue varias veces al centro, que como siempre, estaba sucio, roto, atestado, ruidoso, y que no contribuyó en nada a mi devastada paz de espíritu.
Me estresé mal, la angustia se me instaló, no siempre entendiendo el porqué, y pasé una semana interminable, con una agenda de locos y queriendo volver a mi querido pueblito del Estrie, a comer poutine y mirar Le Téléjournal.
Acá es cuando la Gárgola me señala en la calle Florida:
Por suerte, también hubo de los buenos momentos con amigas, que a pesar de los km están siempre cerca.
Y la cerveza que tomamos con Clau cuando me acompañó al aeropuerto.
2 comentarios:
Hola, hoy me encontre con tu blog, me pareces muy divertida y genuina, lei tu blog completo, bella familia, Dios te bendiga!
Dominic
Gracias, Dominic por tu comentario!
Griselda
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