lunes, 13 de septiembre de 2010

Escapada a / Escape de Buenos Aires

Siendo la segunda experiencia, me juré que no iba a caer en las mismas trampas y que no me iba a estresar. Que no iba a querer hacer millones de cosas, encontrar a millones de personas, etc. etc.

No contaba con el hecho de cuánto me cambiaron los últimos cuatro años.
La locura empezó en el viaje desde el aeropuerto. El remise, un VW viejo, traqueteado, feo! iba a mil por la autopista, cambiando de carril intempestivamente, sin poner la luz de giro, frenaba a una distancia del auto de adelante que se media en números imaginarios. Empecé mal, la verdad. Y no siguió mejor la semana, para nada. Fue varias veces al centro, que como
siempre, estaba sucio, roto, atestado, ruidoso, y que no contribuyó en nada a mi devastada paz de espíritu.


Me estresé mal, la angustia se me instaló, no siempre entendiendo el porqué, y pasé una semana interminable, con una agenda de locos y queriendo volver a mi querido pueblito del Estrie, a comer poutine y mirar Le Téléjournal.



Acá es cuando la Gárgola me señala en la calle Florida:


Por suerte, también hubo de los buenos momentos con amigas, que a pesar de los km están siempre cerca.


Pero lo mejor, y por mucho, volver.

Y la cerveza que tomamos con Clau cuando me acompañó al aeropuerto.


2 comentarios:

Dominic Abreu dijo...

Hola, hoy me encontre con tu blog, me pareces muy divertida y genuina, lei tu blog completo, bella familia, Dios te bendiga!


Dominic

Anónimo dijo...

Gracias, Dominic por tu comentario!
Griselda